Estamos viendo cambios profundos, que nos encaminan a el fin de una era, hemos estado acostumbrados en materia de energía al petroleo y estamos viendo su ocaso. anterior a este fue el carbón y mucho tiempo atrás lo fue la madera.

El orden económico mundial había sido establecido por EEUU y sus aliados, después de la Segunda Guerra Mundial. Pero en unas pocas semanas, tal vez días, a finales de 1973 (me acuerdo de esa crisis), este sistema experimentó un duro golpe. Apareció entonces con claridad que el petróleo era un elemento fundamental en la historia del Islam. Los países de la OPEP tomaron la decisión de subir un 70% el precio del oro negro, llegando así a los 5,11 dólares por barril.
Pero la decisión tuvo un matiz más importante. Fue la primera vez que la OPEP tomaba una decisión por su cuenta sin contar con las compañías petroleras. En seguida, Libia anunció el embargo de sus envíos de petróleo a EEUU. Y Arabia Saudí, así como otros productores de petróleo, se sumaron al embargo. El entonces presidente de EEUU, como respuesta anunció una ayuda militar a Israel por valor de 2.200 millones de dólares.
La segunda crisis fue en 1979. Cuando terminó la Segunda Guerra Mundial todos los países Árabes se encontraban, bajo distintas formas, debajo de la tutela de países europeos, concretamente de Francia e Inglaterra. Para los dirigentes árabes, algunos próximos a una cierta occidentalización, bajo una fórmula más o menos socialista, y otros partidarios de una vuelta a las tradiciones más puras del Islam, el petróleo se había convertido en un arma política y económica de presión sobre occidente. Inmediatamente, Europa fue consciente de esta situación y de las consecuencias que podían suceder. EEUU no lo fue en el mismo grado. Y los años 70 fueron los años de la energía nuclear. Hoy, en el trasfondo de la tensión entre el Islam y occidente, bajo un aspecto religioso, se oculta la necesidad de controlar las rutas del petróleo.

Son muchos los analistas que ven próxima la desaparición del apogeo del oro negro. No sólo la energía nuclear, ni las energías renovables, sino el hidrógeno. En este momento, los más importantes fabricantes de automóviles han destinado más de 2.000 millones de dólares al desarrollo de automóviles alimentados por hidrógeno. En poco tiempo, saldrán a la carretera los primeros producidos en serie. Y el hidrógeno tiene características suficientes para acabar con la dependencia del mundo respecto a las importaciones de petróleo. Además, representará una disminución enorme de las emisiones de dióxido de carbono, así como de los efectos del calentamiento global.
Tal vez estas tensiones entre occidente y el mundo árabe sean las últimas, al menos con un telón de fondo claramente económico. Pero no olvidemos que el mundo musulmán representa la porción de la humanidad con crecimiento demográfico más alto y que pronto uno de cada cinco habitantes de este planeta pertenecerá al Islam. Y que éste puede adoptar fórmulas más o menos compatibles con occidente, pero también puede adoptar fórmulas radicales, que le conduzcan a una ruptura total con el mundo occidental. Sólo el tiempo podrá despejar las incógnitas de esta cuestión.
fuente:americaeconomica.com